Cristian Eduardo Guardado García, tiene 23 años, nació en una familia muy humilde en la comunidad Corral Falso, jurisdicción de la zona norte de Telica, en el departamento de León. Es hijo de Francisco Guardado y Modesta del Carmen García.

La infancia y parte de la adolescencia la vivió en las comunidades protestantes de las Asambleas de Dios, donde su papá era uno de los evangelistas principales para las iglesias de la zona.

La inserción en la Iglesia Católica
Entre los 16 y 17 años inició un proceso de conversión en el Movimiento de La Renovación Carismática Católica, donde su mamá es lo contrario de lo que era su papá, ella es Delegada de la Palabra de diferentes comunidades rurales de Telica.
“La Renovación Carismática, ha sido uno de los motores principales para salir adelante, es decir, yo estoy hoy en la Iglesia gracias a la insistencia de varios hermanos renovados”, afirmó Cristian Guardado.

 Cristian inició a ir a eventos, retiros y encuentros de la renovación en la ciudad de Estelí, Nicaragua, donde primeramente fue invitado por Mario Torres, miembro de la Renovación Carismática Católica de Telica. Estas actividades y encuentros con el Espíritu Santo, iban llevando a Cristian a conocer nuevos horizontes.

Su vocación
“Fue un llamado que nunca quise aceptar, siempre me cerraba en mí mismo, ponía tanto pretextos; como, por ejemplo: me gustan las mujeres, tengo que renunciar a muchas cosas, sin embargo, había un seguimiento y lo venía descubriendo en artículos de páginas católicas, seminarios de la renovación y comunicación con algunos sacerdotes”, narró Guardado.

Uno de los pasos más difíciles que tuvo que dar Cristian Guardado, para completar el “SI” a su vocación fue comunicarles a sus padres la decisión, donde su papá siendo Evangelista Protestante no aceptó, pero su mamá una autentica Delegada de la Palabra lo animó y felicitó. “Fue algo tan difícil que aún estoy viviendo las consecuencias, la mayor comunicación la hice con mi mamá, con mi papá hasta la fecha se perdió, pero mi madre muy contenta, porque uno de sus hijos está llamado a la vida sacerdotal”, añadió Cristian.
Una vez que Cristian entró al seminario encontró una familia numerosa, con la que ha compartido muchas experiencias; las buenas han sido aprovechadas al máximo, las malas han sido una prueba que superar. Entre risas el seminarista Guardado contó una anécdota vivida con sus hermanos seminaristas, donde asegura que entre las bromas se depositaban adoquines en las maletas los días viernes, cuando regresaban a sus hogares sentían que el peso era bastante fuerte.

Cristian es un joven talentoso que quiere cumplir su sueño de llegar a ser sacerdote, de llevar a muchas almas al amor misericordioso del Señor. El mensaje que él les deja a los jóvenes que sienten el llamado se resume en tres palabras: oración, valentía y riesgo.
Seminarista: Cristian Guardado
I de Filosofía, León.